EL TEATRO BIONDO

 

El teatro Biondo se inauguró el jueves 15 de Octubre de 1903 por la Compañía Dramática Italiana de Ermete Novelli, que debutó con Papa Lebonnard de Jean Aicard. El día siguiente Ermete Novelli puso en escena Il burbero benefico de Goldoni; el sábado le tocó a Shylock o El mercante de Venecia de Shakespeare. El domingo 18 el gran actor fué el protagonista de Luis XI de Jean François Delavigne.

Desde entonces el Biondo, fué – y lo es todavía – el teatro de prosa “por excelencia” de la ciudad, recibiendo las mejores compañias y los más célebres actores italianos. Desde 1986 es la sede del Teatro Stabile de Palemo.

LA CIUDAD DE SU EPOCA

El Teatro Biondo, construído en octubre de 1903, representa la última expresión arquitectónica del teatro del siglo XIX que se manifestó en Palermo como remate de una formidable expansión urbana, que había tenido sus etapas más destacadas en la realización del Teatro Massimo “Vittorio Emanuele”, empezado por Giovanni Battista Filippo Basile en 1875 y acabado por su hijo Ernesto en 1897.

Entre finales del siglo XIX y principio de siglo XX la ciudad vive un momento de gran esplendor, gracias a una burguesía empresarial ilustrada, encabezada por la familia Florio, y de una clase intelectual muy avanzada, en la que destaca el arquitecto Ernesto Basile, entre los principales representantes del movimiento liberty en Europa. Pero junto a los nombres más famosos crece y florece una escuela de artistas, arquitectos, escultores, decoradores, y de artesanos (del vidrio, del hierro, de la madera) de gran gusto y habilidad profesional, que contribuye en forma decisiva a transformar el aspecto de Palermo, en aquella época meta preferida por príncipes y reyes. Un periodo feliz, que tuvo como momento culminante la Exposición Nacional de 1891-1892; una ocasión en la que se levantó una inmensa serie de naves “provisionales” en una zona de jardines donde tuvo lugar, inmediatamente después, la nueva expansión de la ciudad. En este marco se sitúa la construcción del Biondo. En una ciudad siempre abundante de teatros el siglo XIX ofrecía el Santa Cecilia, el Bellini y el Garibaldi (los primeros dos del siglo XVIII, el tercero de 1861) además de innumerables teatros menores, en lugares particulares en decadencia. El Politeama nace por lo tanto como lugar dedicado a espectáculos variados (desde el circo hasta la lírica), de carácter más bien alegremente popular; el Massimo – en línea por calle con el Politeama – surge por voluntad de la burguesía aristocrática, que, aunque derruyendo iglesias y conventos, exige un templo exclusivo para la ópera lírica, señal de monumental grandeza, a la par de lo que acaecía en las grandes capitales europeas. Llega un momento en que a la necesidad de un teatro ni popular ni de magnificencia, pero sede más moderna para una media burguesía rica, donde probar nuevas formas de comunicación teatral, responden los hermanos Biondo (Andrea, Eugenio y Luigi) acomodados empresarios, propietarios de un activo establecimiento tipográfico.

 

LA HISTORIA DEL EDIFICIO

La idea fué del abogado Andrea Biondo, el mayor de los hermanos, quien, viajando por Europa, tenía la experiencia necesaria para la iniciativa. El proyecto del teatro (y del adyacente conjunto de habitaciones) se confió al ingeniero Nicolò Mineo, que las crónicas de su época describen como “uno de los mejores de Palermo”; colaboraron con él sus colegas Giacomo Nicolai y Antonio Lo Bianco. Se escogió un lugar al lado de la via Roma, una larga calle creada a mediados del siglo XIX ejecutando el Plan Giarrusso, que, destruyendo algunos barrios históricos, formaba una espléndida paralela de la antigua via Maqueda. Las obras del teatro empezaron en junio de 1902 y acabaron en solo 16 meses.

La fachada exterior, de estilo ecléctico del siglo XIX, reproduce caracteres de teatro-basílica, observando formas que sin embargo debían tener en cuenta la necesidad de mantener cierta continuidad del marco de la entera manzana de cara a la calle.

El teatro, como se repitió con orgullo, fué un producto enteramente local, excepto pocas intervenciones de empresas internacionales, como el A.E.G. para las instalaciones de iluminación. La Fundición Oretea (que entre otras cosas había construído la cobertura del Politeama) realizó las piezas más importantes de la estructura: las vigas del techo de la escena, el esqueleto para cubrir la sala, la armadura de hierro de los palcos con sus artísticas columnitas. Un numeroso grupo de artistas, de estucadores, de decoradores, de artesanos tomó parte en la obra.

Para las pinturas y decoraciones el encargo le tocó a Salvatore Gregorietti con quien colaboraron Carmelo Giarrizzo, Francesco Padovano, Francesco La Cagnina, Onofrio Tomaselli.

Entre las construcciones análogas de aquel periodo, el Biondo fué la de mayor interés, por las soluciones técnicas y por su conjunto, donde se juntaron soluciones originales en la estructura de los sostenes de hierro fundido y recuerdos de nuevo renacimiento en las macizas partes de piedra. Los periódicos trataron de ello por mucho tiempo, alabando los detalles. En el número único publicado por Biondo el día de la inauguración un artículo de Raffaele Scala-Enrico describe con entusiasmo el interior del teatro. Se fija en la escala de honor (de la actual entrada lateral del teatro) que introduce al foyer de los palcos: espléndidos mármoles sicilianos “amarillo de Segesta” y “rojo de Castellammare”) de tonalidades brillantes, encabezados por mármol blanco de Carrara, ofrecían una entrada suntuosa, adornada con columnas binarias de mármol rojo, rematadas por una blanca barandilla con columnitas; en el techo, lleno de estucos, un fresco de Francesco Padovano, representando una fila de ángeles bailando. En el amplio foyer central de la segunda fila de palcos, dos alegorías de la Comedia y la Tragedia, obra de Carmelo Giarrizzo sobre dibujo de Gregorietti. Hoy en día – quitando la menor importancia de la escalera de honor y la huella del tiempo transcurrido, que nuevos restauros van a sacar a la luz – nada ha cambiado desde entonces.

Desde el foyer de la segunda fila de palcos, se llega al ex Saloncito, dedicado en 1997 a Giorgio Strehler, concebido como prestigioso salón de fiestas y hoy dedicado a representaciones alternativas, espacio ideal para espectáculos de “teatro de cámara”.

 

LA SALA GRANDE

En la planta baja se encuentran el elegante bar y el foyer de forma rectangular con dos columnas de mármol rojo, que introduce a la sala del teatro, adornada con las decoraciones de Salvatore Gregorietti en los palcos, descritas de la siguiente forma en el artículo de Scala-Enrico: “Estas decoraciones tienen la riqueza de fantasías orientales sobre fondos claros, todas deliciosamente entrelazadas, con hojas y frutos, de tonalidades exquisitas, que se desenvuelven en adornos graciosos, tan sencillos y tan elegantes que uno se queda, delante de ellos, tan admirado que acaba por turbarse”. El gran “cielo” de la sala del teatro – también de Gregorietti – ha desaparecido y debajo del esclarecimiento no ha aparecido nada.

La grande sala del Biondo es de forma de herradura, con doble fila de palcos y amplia galería. Puede contener 950 espectadores, de los cuales 525 en butaca, 162 en palcos y 263 en el anfiteatro. La escena mide 23 metros por 15, en la parte anterior 10,80 metros. Está claro que refleja el clima art nouveau de la época en que se construyó, evidente principalmente en las decoraciones y especialmente en los dibujos floreales de las fachadas de los palcos y en el arco de la parte anterior de la escena, obra de Salvatore Gregorietti, sacados a luz en 1996 quitándole la pintura amarillenta que la había cubierto por mucho tiempo, después de un cuidadoso trabajo de restauración. Pero el clima art nouveau se nota también en el dibujo de los medios de iluminación y en la estructura de hierro de los palcos, demostrada por una fila de columnitas remodeladas de hierro fundido, que dan levedad al espacio que rodea la sala y que con el mismo efecto se repiten en las galerías de arriba.