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EL TEATRO POLITEAMA
“GARIBALDI” El teatro Politeama Garibaldi es el primero de los grandes teatros construídos en Palermo en la segunda mitad del siglo XIX, en plena remodelación urbanística de la ciudad. Proyectado por Giuseppe Damiani Almeyda en 1867, se terminó en 1891, dominando la plaza que iba a ser el corazón de la ciudad moderna, y dando muestra de la feliz condición de la cultura artística palermitana y de la nueva clase dirigente burguesa en la escena europea.
Ya en 1860, por
iniciativa de Giulio Benso, duque de la Verdura, primer alcalde de
Palermo después de la Unidad de Italia, había empezado un debate sobre
el futuro urbanístico de la ciudad, debiendose escoger entre un modelo
“económico” y uno “grandioso”, en el que prevalecerá, con algunas
correcciones, el segundo. La idea era de crear un nuevo centro urbano,
de la via Maqueda hacia oeste, con expansión a lo largo de la Nueva
Calle de la Libertà, creada por voluntad del gobierno revolucionario de
Ruggiero Settimo en 1848; y con este eje se proyectaba la creación de
tres teatros: uno poco más o menos donde se encuentra el Massimo, otro
más allá del cruce de calles de la plaza Regalmici (Cuatro Cantones de
Campo) y el tercero un “circo olímpico” en el jardín Villarosa (la
actual plaza Ungheria). Durante las fases preparatorias del concurso internacional para la realización del Teatro Massimo, el Ayuntamiento confió el encargo de proyectar en la plaza dedicada a Ruggiero Settimo, un “politeama” (teatro destinado a espectáculos variados) teatro popular diurno, a Giuseppe Damiani Almeyda, “joven ingeniero de distrito” de la ciudad, natural de Capua, nacido en 1834. La iniciativa se planteó también como reacción al clima de crisis económico-social provocado por las epidemias de cólera de 1866-67. El teatro hubiera tenido que dar lugar a exhibiciones de gimnastas y acróbatas de circos ecuestres, de moda en aquella época, operetas, pièces cómicas y dramáticas, fiestas y bailes de máscaras, no reservados solo a la nobleza y a los ricos, además de espectáculos líricos en espera de que se terminara el Massimo. Se ponía en marcha de esta manera la contemporanea edificación de dos teatros, acontecimiento quizá único en Italia: uno – el Massimo – templo aristocrático de la lírica; el otro – el Politeama – de caracter popular, la exaltación de la función social del teatro. En 1874 el teatro, aún incompleto y sin cobertura, se inauguró con I Capuleti e i Montecchi de Vincenzo Bellini; y otros espectáculos líricos se celebraron en los años siguientes, alternando con el Teatro Bellini. En 1874 la Fundición Oretea realizó la cobertura metálica, obra muy audaz para su época y que algunos consideraban “imposible”. En 1882 fué dedicado a Giuseppe Garibaldi, a raíz de su muerte. Pero la abertura oficial tuvo lugar en 1891, cuando se celebró la velada de inaguración de la Exposición Nacional: un gala extraordinario, con la presencia del rey Umberto y de la reina Margherita, en el que se representó el Otello de Verdi, protagonista el célebre cantante Francesco Tamagno. La temporada 1891-92 tuvo un director excelente en Arturo Toscanini.
En 1897, abriéndose el Teatro Massimo, tomaba forma la fisonomía del nuevo centro urbano: con las dos plazas y los dos teatros abiertos en pendent en la via Ruggiero Settimo, en las dos extremidades opuestas. La primera plaza, de arriba, hacia la Olivella y el centro antiguo; la segunda, de abajo, hacia los nuevos barrios que se iban construyendo en el Firriato de Villafranca, “al servicio” de la parte de la ciudad que se iba transformando entre el barrio de Santa Lucía y el llano de Santa Oliva al norte, zonas, las dos, de mercado y comercios, hasta entonces habitadas por pequeños comerciantes y artesanos.
En aquellos años
Palermo, con sus 260 mil habitantes poco más o menos, era bajo el
aspecto demográfico la cuarta ciudad italiana, después de Roma, Milán,
Nápoles. Y podía gloriarse – además del Massimo y del Politeama – de
otros cuatro teatros, el Bellini y el Santa Cecilia del siglo XVII, el
Teatro Garibaldi (1861) y el Anfiteatro Mangano, construído en 1889 con
materiales provisionales en la actual via Ruggiero Settimo, en el jardín
del desaparecido palacio Villarosa. Así como en la soberbia Aula Grande del Archivo Histórico Municipal, en el Teatro Politeama Damiani Almeyda manifiesta una personalidad artística de fino alcance internacional y sensible a la búsqueda de novedades: en esa obra se inspiró al modelo clásico de los teatros politeamas, es decir al anfiteatro romano con arcos, de planta circular, con cávea sin cobertura, con capacidad para 5000 espectadores. El teatro tenía que construirse en poco tiempo y en una situación económica difícil, lo que le obligó a usar materiales pobres, a los que sin embargo dió gran aspecto al tratarlos con colores fuertes y llamativos, de los que salía una exuberante sensación de vitalidad. Introduciendo profundas novedades en la tipología teatral y en la técnica constructiva, el Politeama fué el fruto de una atención especial al helenismo y a la arquitectura griega y romana policromada, investigada y estudiada primero en Pompeya y Hercolano y después en Sicilia, en Selinunte y en Agrigento. El resultado es un ejemplo raro en el panorama de la arquitectura de la segunda mitad del siglo XIX italiano, en la que se aplica, de forma compleja y elegante, la vanguardia tecnólogica de las estructuras de hierro, conjugada con una experiencia artística derivada de la interpretación de formas griego – sicilianas en el marco de una afinada policromía. El mismo Damiani Almeyda proyectó la decoración externa e interna del teatro, consiguiendo un admirabile conjunto entre arquitectura y decoración. Entre los artistas que trabajaron en ello encontramos a Giuseppe Enea, Rocco Lentini, Carmelo Giarrizzo, Nicolò Giammone, Francesco Padovano, Giovanni Nicolini. El teatro tiene planta circular, caracterizado en la parte exterior por un doble pórtico separado por esbeltas columnas de estilo jónico y corintio, pintadas de azul y amarillo, y figuras encabezadas por un adorno que representa los juegos del circo sobre fondo de color oro.
Precedido por un amplio foyer, en cuyo centro está colocada la Danzante embozada de Amleto Cataldi, la sala tiene forma de herradura, con dos filas de palcos y dos cáveas en escala, hoy capacitada para 590 personas. Ahí destaca un magnífico revestimiento cromático y decorativo de inspiración pompeyana, rematado en el adorno de encabezamiento de la bóveda con frescos de Gustavo Mancinelli, representando Las fiestas Eleuterias (célebres en la Grecia clásica, dedicadas al culto de Demetra). El mismo Mancinelli fué el autor del telón con Esquilo en la corte de Gerón de Siracusa. El techo tiene el aspecto de un toldo de delicado color azul. La galería alta tiene columnas de hierro fundido encabezadas por una fila de lunetos pintados; mientras que una amplia galería con columnas – en su centro el busto de Garibaldi – cierra la pared sobre el proscenio. A la compacta geometría de la planta, ensalzada por una perfecta símetria de distancias, se añaden a lo largo de las fachadas laterales, una serie de locales, también decorados, dedicados a bar, atrios, y foyer. Sede fija de la Orquesta Sinfónica Siciliana, el Teatro Politeama Garibaldi celebra hoy en día una apreciada temporada de conciertos. En el pequeño jardín, en el exterior, se alternan algunas finas esculturas: Bacante de Valerio Villareale, Silfides de Benedetto De Lisi, y David de Antonio Ugo. Delante del teatro se levanta el monumento marmóreo de Ruggiero Settimo, esculpido por Benedetto De Lisi en 1865; mira simétricamente, en la parte de en frente, más allá de la via Libertà, al de Carlo Cottone, príncipe di Castelnuovo, obra de Domenico Costantino de 1873, en la plaza de su mismo nombre; a sus espaldas, en medio de un jardín de palmeras, está el kiosco de la música, obra neoclásica de Salvatore Valenti (1874-75). Hoy el teatro es un punto de referencia, topográfico y visible, no reemplazable, de la ciudad. Tanto que el espacio donde se encuentra (piazza Ruggiero Settimo) y el de enfrente (piazza Castelnuovo) se llaman por lo general con el mismo nombre: piazza Politeama. |